¡Qué noche tan monumental para nuestro fútbol! El pasado 6 de octubre de 2026 quedará grabado en las páginas de oro de nuestra selección. En el imponente y siempre hostil Estadio Poljud de Split, España logró una victoria heroica al imponerse por 1-2 ante una combativa Croacia, en el partido correspondiente a la cuarta jornada de la fase de grupos de la Liga de Naciones de la UEFA 2026-27. No era un partido cualquiera; sabíamos que visitar territorio balcánico siempre representa una de las pruebas más duras del continente, pero este equipo demostró que tiene el coraje, el talento y el orgullo necesarios para reclamar su trono en Europa.

Desde el pitido inicial, la atmósfera en Split era ensordecedora. Miles de aficionados locales empujaban a su equipo con cánticos rítmicos que hacían vibrar los cimientos del estadio. Sin embargo, los nuestros supieron mantener la cabeza fría. Con la madurez que caracteriza a esta generación, España se adueñó del balón, silenciando por tramos las gradas mediante posesiones largas, pases precisos y una presión asfixiante que descolocó por completo el esquema táctico de los croatas.
El primer golpe de autoridad llegó mediada la primera mitad, fruto de una gran jugada colectiva que reflejó la esencia de nuestro estilo. Una triangulación perfecta en el centro del campo abrió el espacio por la banda, culminando en un centro milimétrico que batió las líneas enemigas para poner el 0-1 en el marcador. La euforia de la pequeña pero ruidosa expedición de aficionados españoles en las gradas rompió el dominio sonoro local. Sin embargo, Croacia no iba a rendirse tan fácilmente en su propia casa. Al inicio del segundo tiempo, aprovechando un desajuste defensivo en un saque de esquina, los locales empataron el encuentro, desatando la locura en el Poljud.
Fue en ese momento de máxima presión cuando se vio la verdadera casta de este equipo. En lugar de dar un paso atrás, nuestra selección dio un recital de carácter. Cuando el partido agonizaba y parecía que nos tendríamos que conformar con un empate amargo, una genialidad individual rompió la muralla croata. Con un disparo cruzado e inapelable, llegó el definitivo 1-2 en los minutos finales. El banquillo español saltó por los aires y el abrazo colectivo de los jugadores sobre el césped reflejó el tamaño de la hazaña conseguida. Supimos sufrir, aguantamos las últimas embestidas desesperadas de Croacia y nos llevamos tres puntos de oro puro para consolidar nuestro liderato en el grupo.
Inmediatamente después del pitido final, la alegría cruzó el mar Mediterráneo para desatar una fiesta total en cada rincón de España. La noche madrileña, las plazas de Barcelona, las avenidas de Sevilla y los bares de cada pueblo se convirtieron en un hervidero de felicidad. Miles de personas rompieron el silencio nocturno para salir a la calle a celebrar una victoria que se sentía épica.
Lo más hermoso de la velada fue ver las calles teñidas completamente de rojo y amarillo. Familias enteras, jóvenes y mayores salieron a pasear portando con inmenso orgullo la camiseta de la selección española. Daba igual si era el modelo clásico, la equipación más reciente de este año 2026 o reliquias de torneos pasados; el escudo en el pecho nos unía a todos en un mismo sentimiento. Los cánticos de «¡A por ellos!» y «¡Yo soy español!» resonaban con fuerza mientras la gente compartía abrazos con perfectos desconocidos, unidos por la euforia de un triunfo inolvidable. Las banderas ondeaban al viento desde los balcones y los coches hacían sonar sus claxons en una sinfonía de celebración que se extendió hasta altas horas de la madrugada.
Esta victoria por 1-2 ante Croacia no solo nos acerca un paso más a la fase final de la Liga de Naciones de la UEFA, sino que reafirma el idilio de este país con su equipo. Nos demostró que no importa lo difícil que sea el escenario ni lo ruidoso que sea el rival: cuando nuestros jugadores se ponen la camiseta y juegan con el corazón, somos imparables. La marea roja ha vuelto a conquistar Europa, y la fiesta de hoy es solo el preludio de muchas más alegrías que están por venir. ¡Viva España!